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De regreso a Guadalajara

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Marco Antonio estuvo en Guadalajara de los 14 a los 17 años, convencido de que su carrera como cantante debía continuar.

Siguiendo los consejos de quienes conocían el ambiente musical de Guadalajara, Marco se convirtió en asiduo de los lugares para contratar músicos: el kiosco frente al palacio de gobierno y el restaurante El Amigo.

Quienes querían contratar una orquesta acudían al kiosco. Ahí Marco Antonio ofreció su voz a varios directores, pero ninguno quiso escucharlo. ¿Cómo un joven desconocido de 14 años iba a cantar con ellos? Pero Marco insistió e insistió, hasta que consiguió ser crooner para algunas de ellas. Ser crooner significaba cantar una o dos canciones románticas en un espectáculo que consistía principalmente en piezas instrumentales para bailar. Era un papel menor en aquellos días, pero para Marco era un placer desempeñarlo. El resto del tiempo que tocaba la orquesta, lo empleó en aprender a tocar algunos instrumentos, como las maracas, las claves o el bongó.

El Amigo era un restaurante donde se reunían los trovadores que buscaban un hueso, es decir, la posibilidad de tocar en un evento social. Los grupos que se ofrecían en ese lugar eran más pequeños y su música giraba en torno a la guitarra. Pero Marco no sabía tocarla. Además los grupos del lugar estaban sindicalizados y pagaban cuotas, y Marco era menor de edad.

Con ingenio resolvió ambos obstáculos: en lugar de guitarra acompañaba al grupo con su voz y maracas. Para evitar problemas sindicales él conseguía un hueso, buscaba un trío que lo acompañara, él cantaba, el trío cobraba y una parte del pago se la quedaba él, de tal forma que músicos, cantante y sindicato quedaban felices y coexistían pacíficamente.

Para ese entonces el estilo de su voz emulaba al de sus ídolos, Genaro Salinas, Néstor Chaires o Mario Alberto Rodríguez, a tal punto que hasta la música tropical la cantaba con estilo de pasodoble.

Marco Antonio Muñiz en los años cincuenta decorativo

"Como les hacía falta un cantante, el conjunto tropical Veracruz me invitó a formar parte de su agrupación. A mi me dio mucho gusto. Lleno de emoción sentí que se me abrían las puertas del cielo. Luego, tuve mi primer fracaso: durante los primeros 15 días de presentarme con el grupo, el público se burlaba de mí, se reía y sólo me aplaudía pero de chiste. Qué pasa, les preguntaba a mis compañeros. No te preocupes, me respondían. No, quiero saber qué pasa. ¿De veras quieres saberlo? Sí, les decía. Es que cantas como tenor las piezas tropicales. La posibilidad de que me corrieran y mi deseo por hacer bien las cosas, me obligaron a encontrar un nuevo estilo y ritmo. Finalmente pude integrarme."

"Dedico estas palabras al Escopeta, el Pelón, el Estoperol y los dos Chapalas. A todos ellos quienes formaron parte del grupo Veracruz y cuyos nombres no me los sé, les doy mi gratitud ya que me dieron la oportunidad de conocer otros estilos de música y sobre todo gracias a que me dieron trabajo, pude ahorrar para hacer mi primer viaje a México."

En 1951 decidió acompañar a un amigo al Distrito Federal y cumplir uno de sus grandes anhelos: conocer la XEW; instintivamente, Marco sabía que la estación era la puerta de entrada al corazón del espectáculo en México. Tenía deseos de quedarse en la capital, pero la falta de trabajo lo obligó a regresar a Guadalajara. Se trató de una retirada táctica y no de una rendición completa, porque más tarde volvería para quedarse.

¿Cómo era Guadalajara en 1947?

Algunas citas de la vida de Marco están tomadas del libro biográfico Marco Antonio Muñiz ¡Soy un escándalo... dicen! por Guillermo Saad, México, Grupo Editorial Siete, segunda edición, 1992.

 

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